sábado, 26 de abril de 2008

El Metal y yo. Tercera parte

Yo sabía que dentro del metal había varios estilos y grupos representativos. Sabía que había una cosa llamada thrash metal, heavy metal, grindcore, death metal, power metal… etc… Y no lo sabía porque yo fuera arrecho y genial, sino porque me iba a Recordland, cuando para algo servía, y a la tienda de Sabana Grande, a “investigar” y a “aprender”. O sea… yo sólo oía en esa época muy poquitos grupos. Sólo conocía Metallica, el disco negro, y Guns n’ Roses. Sí... no se rían. Sé que eso no es nada. Pero yo estaba empezando. Y lo importante es que quería más. Como dije antes, ya se había sembrado la semilla del metal en mí y no tenía vuelta atrás. Todo era cuestión de tiempo. Entonces, como iba diciendo, iba a esas tiendas con mi dinero y preguntaba qué me podía comprar. Preguntaba a los entendidos, léase cualquier rockero de turno que anduviera por ahí, qué podía oír y qué grupos eran “cabilla”. Yo sabía que los grupos apreciados por los entendidos eran los que tocaban matraca pura. Esos que no tocan más rápido porque no pueden… Eh… creo que necesito explicar brevemente una cosa. ¿Por qué seguía los consejos de los entendidos? Pues por una sencilla razón. Yo quería ser más y más metalero. Y me quería dejar guiar por los demás, por los que ya supieran. No quería comprar cualquier cosa. Quería escuchar los grupos básicos y los discos que cualquier metalero debe tener. Yo sabía que para un metalero, al menos durante una época de su vida, existe una regla o principio universal que reza así La velocidad a la que toca el grupo es directamente proporcional a su calidad o A mayor matraca más calidad. Es decir, mientras más cabilla sea el grupo… tanto mejor. ¿Qué significa cabilla? Bueno, un metalero lo sabe. Pero intento explicarlo para los no entendidos. Cabilla significa ser pesado. Y para un metalero, muchas veces, mientras más pesada es la banda, tanto mejor. Lo digo porque todos los metaleros se han sentido así alguna vez. Claro, yo hoy en día aprecio a ACDC, y sé que son muy buenos, a pesar de ser lentos y para nada matraqueros. Pero hubo una época, cuando yo lo que quería era la matraca despiadada, la cabilla en su máxima expresión, en que no habría soportado ACDC ni en pintura… pero eso lo explicaré en su momento.
Entonces yo venía y me compraba el disco que me recomendaban. Yo me quedaba impresionado con las portadas y los nombres de los discos. Nombres como Sepultura, Cannibal Corpse, Slayer, Napalm Death, Obituary, Bolt Thrower, etc… y las portadas horripilantes, como las de Butchered at birth y Reign in Blood, quedaban profundamente grabadas en mi mente y me hacían irme a mi casa con cara de: “Verga… ésa vaina debe ser arrechísima”. Pero yo sabía, y éste es un punto importante, que tenía que acostumbrar mis oídos poco a poco. O sea… quien viene de oír los Beatles no puede pretender escuchar Cannibal Corpse de un día para otro y entender la música. Sencillamente no se puede. No puedes pasar de la voz melodiosa de John y Paul, a los gruñidos de ultratumba de Cannibal Corpse. Te vuelves loco. Por eso yo pedía consejo para ir habituando a mis tímpanos a todo eso. O sea… yo entendía que para llegar a oír Napalm Death tenía que pasar por Anthrax y Metallica. Que para poder “entender” cualquier grupo de death metal tenía que haber oído los clásicos. Ahora cuando lo pienso me da risa, pero así lo veía yo. En ésa época. (hahaha) para mí un rockero arrecho era uno que oyera Sepultura. O sea… si oías Sepultura para mí estabas “graduado” de metalero. En mi cerebro era impresionante que un grupo se llamara Sepultura. Yo no entendía cómo una banda se podía llamar así, ni mucho menos imaginaba cómo podía sonar. Pero primero, antes de oírlos, o cualquier otro grupo de metal cabilla cabilla, debía oír bandas que tocaran menos rápido, o no tan pesado. Para acostumbrarme. Para más nada. Por eso yo iba y compraba lo que me recomendaran; para así ir “pasando de grado” en el mundo del metal. Entonces, con el paso del tiempo, fui conociendo Iron Maiden, Metallica, Megadeth, Anthrax y ACDC.
Continuará…

El Metal y yo. Segunda parte

Como dije en la entrega anterior, todo cambió musicalmente para mí esa noche en que oí Metallica por primera vez. Ya nada sería igual. Atrás quedaron los años en los que sólo oía el pop ochentoso que sonaba en radio y cualquier cosa que estuviera de moda. Atrás quedaron los Beatles y Queen, dos grupos a los que, la verdad sea dicha, les debo también haber ido acostumbrando mi oído a los sonidos del rock. Atrás quedó el viejo Daniel. Sí, creo que también en parte fue eso. El metal me ayudó, por así decirlo, a definir quién soy en la actualidad.
A ver… para nadie es un secreto que la adolescencia es el período en que nos definimos como personas, en el que damos nuestros pasos hacia la adultez. Antes somos sólo niños y más nada. Pero en la adolescencia, cuando se asientan los gustos y nos “encontramos” a nosotros mismos como individuos, empezamos a mostrar y a moldear los rasgos que después nos definirán como adultos. Pues en eso el metal jugó un papel importante para mí. Yo empecé a oír metal justo en el momento en que empecé a ser adolescente como tal. La llegada del metal a mi vida coincidió con el momento en que empecé, de verdad, a sentirme cómodo con quien era. A definirme como persona. Antes de eso, cuando todavía estudiaba en el San Agustín, me sentía muy pero muy incómodo con quien era, o con quien creía ser.
No me acuerdo muy bien de esa época, pero sí que me acuerdo de la sensación de incomodidad e inconformidad que sentía para conmigo mismo. Sencillamente no me sentía a gusto. Algo me faltaba, pero no sabía qué. Los amigos que tenía… bueno… ya estaba muy alejado de ellos. Y, básicamente, creo que me estaba buscando a mí mismo. Pues todo eso desapareció ese mismo año en que oí Metallica por primera vez.
Dejé atrás lo que era, y me empecé a transformar en lo que soy hoy. Me pude encontrar. Por eso, entre otras razones, es que amo tanto el metal. Es parte de mí, de quien soy. Es parte de mí. No tengo mejor forma para explicarlo. Yo soy “hijo” del metal. Recuerdo que ponerme una franela de Maiden, o de cualquier grupo que me gustara, me hacía sentir hiper bien. Era como decir: “Éste soy yo. Ésta es la persona que quiero ser. Oigo metal y al que no le guste… chao”. Típica rebeldía adolescente. Pero no lo podía evitar. Apenas tenía 15 o algo así. Salía a la calle con unos jeans rotos y unas botas militares, y la obligada franela negra, y me sentía de UN bien. Además, y esto nos ha pasado a todos, tenía necesidad de pertenecer a un grupo; de ver satisfecha esa necesidad de la adolescencia de ser aceptado. Y eso lo encontré en los metaleros.
Me iba a Sabana Grande a la tienda que quedaba por el Libro Italiano, y, al ver a los demás rockeros me sentía parte una “familia”. Sé que suena idiota, pero así era. Yo veía los demás rockeros y veía lo que yo quería ser. Oía los nombres de los grupos que mencionaban y me moría por oírlos, por descubrirlos… me moría por pertenecer cada vez más y más al mundo del metal. Quería más y más ser metalero. Quería que los demás me reconocieran como tal. Claro… a ver… también estaba un profundo gusto y un inmenso amor por la música. Es decir, no era solamente un deseo de “verme” como metalero. No. Yo adoraba, y adoro, la música. Lo que oía y sentía cuando escuchaba Metallica y Maiden era indescriptible.
Sentía que era injusto que esa música hubiera existido desde hace tanto tiempo y yo no lo hubiera sabido. Cada disco que me compraba, cada canción que oía, cada riff de metal que descubría, me hacía quedar boquiabierto y sentir que había llegado adonde debía llegar. Que ésa era mi música. Que eso que los demás no entendían y que calificaban de “ruido” era lo que yo entendía. Era la música que me llenaba. Era la música que me alimentaba el alma y que siempre, pero siempre, me hacía sentir bien, sin importar cuán mal me estuviera yendo en ese momento.
Siempre podía poner el Vulgar Display of Power de Pantera y oír Fucking Hostile o Mouth for War y entrar en un estado de euforia automático.
Era impresionante, y todavía lo es. Escucho metal y… me lleno de energía. Oigo el riff de Seasons in the Abyss de Slayer e inmediatamente sonrío y entro en un estado de felicidad insuperable. Es sentir que la música te corre por las venas y te llena el espíritu. Sólo quien ama la música, la que sea, me puede entender. Yo hoy en día sé que un salsero, o un amante del puqui puqui, puede sentir por su música lo mismo que yo. Y los respeto por eso y comparto su felicidad. Pero lo mío es el metal. Es el metal lo que me llena.
Como dice la canción versionada por Kiss: God gave Rock and Roll to you… gave Rock and Roll to everyone.
Gracias Dios por el metal.

jueves, 24 de abril de 2008

Bienvenidos al Freak Show


Voy a ir directo al grano. Estoy cansado de los reality shows. Ya basta. Durante una época fue interesante, pero suficiente es suficiente. Creo que cada vez me dan más y más asco. Siento que los realities no hacen más que explotar y vender básicamente la miseria humana. O, en el mejor de los casos, exponer a los participantes al escrutinio público mientras ellos resuelven sus peos y discuten y pelean en cámara. La pregunta que yo me hago es si no hay nadie en esos programas que se tenga un poquito de respeto. O sea, a ver... eso de salir en televisión internacional hablando de tu vida privada, llorando a moco suelto, gritándole a otra persona, o sencillamente en momentos muy íntimos, es no tenerse respeto. Y es que los realities, en mi opinión, sacan lo peor de la gente y lo venden por televisión. Yo nunca he visto un reality que sea tan normal como la vida. Es decir, todos tenemos peos. Todos tenemos problemas. Pero los realities son exagerados. Y lo entiendo. La normal no puede vender. Tiene que haber tensión y problemas para que la gente los vea. Y yo, al fin y al cabo, no sé qué tiene de real, por ejemplo, encerrar a 8 personas en un departamento, lleno de cámaras "escondidas", y grabarlos las 24 horas. No recuerdo el nombre, pero sé que había uno así. Además, los tipos tenían la presión agregada de estar compitiendo por algo. Eso, sumado al estrés del encierro, produce lo que todos quieren ver: a los tipos halándose por los pelos. Pero eso no es real. Es decir, lo es en el sentido de que no hay un guión. Pero lo que en realidad estamos viendo es a gente que sufre de fiebre de encierro. Y eso es asqueroso. Yo no quiero perder horas de mi vida sentado como un gafo frente al televisor viendo gente peleando por un premio. Es sencillamente estúpido e idiotizante.

Y es que TODOS los canales de televisión se han sumado a la fiebra, ya un poco vieja, de los realities. Todos tienen algo parecido. Cosas como Flavors of Love de Vh1 lo que dan es ganas de vomitar. Creo que ése es el mejor ejemplo que puedo dar. Un grupo de tipas, sin ningún respeto por sí mismas, se meten en una casa con un rapero, que si no me equivoco era uno de los de Public Enemy, y compiten por ver quién se queda con él. Entonces todas las tipas, por turno, salen con el tipo y, me imagino, se acuestan con él. Entonces el tipo las va eliminando una por una. Qué falta de respeto en todo sentido. Esas tipas, y me disculpan, son putas. O son de lo más marginal que puede haber. Una tipa que se respete no se va a meter en esa vaina. Pero, como dice mi pana Alex, por la plata baila el mono. Otro show asqueroso de estos es la abominación llamada Girls of the Playboy Mansion. Sí... sí... yo sé... yo soy hombre y se me debería salir la baba por las tipas. Pero, primero, me parecen hiper plásticas. Y, segundo, éste es otro ejemplo de televisión idiotizante. Que alguien me explique para qué ver un programa de unas tipas que vienen juntas en una mansión con el magnate de Playboy y todos los días se les ocurren nuevas formas de divertirse y gastarle los reales al viejo. Si eso es entretenimiento y/o alimento para la mente... o sea...

Pero esos no son los únicos dos que encuentro repulsivos. Vainas asquerosísimas e hiper súper recontra supercalifragilísticamente estúpidas son las que pasan por MTV. Pobre canal... de ser uno de los más cool por allá por los 90´s y 80´s, ha pasado a ser un canal para idiotas. Engendros televisivos como Next o Parental control son ejemplo, en mi opinión, de porqué la juventud es hoy en día tan idiota. Pero es que si uno no le mete al cerebro más que mierda, no puede tener en la cabeza más que mierda.

Y hay otros, en apariencia más inofensivos, pero que igual explotan el sufrimiento ajeno. Hay uno que se llama One Week to Save your marriage, del canal Home & Health, que conozco bastante pero bastante bien. Ése es, digámoslo así, más light. Pero igual te presenta los peos de matrimonios que optan por salir en televisión. Uno los ve discutiendo, gritándose, insultándose, llorando, haciendo las paces... O sea... uno NO necesita ver eso. Sencillamente No lo necesita.

Uno debe intentar ver programas que le dejen algo a uno. Cosas que alimenten el espíritu. Programas edificantes... si no... entonces apaguen la televisión.

Ah... antes de que se me olvide... hay otra cosa horrible, súper machista, espantosa, que pasan en FX llamada La chica FX. Independientemente que yo sea hombre, me parece horrible y de muy mal gusto un programa en el que meten un poco de tipas latinas en una casa, y las ponen a modelar en bikini, a hacer cualquier cantidad de escenas eróticas, a ponerse ropa mínima, para al final ser elegida la chica FX. Eso es una falta de respeto con la mujer. Y después se andan quejando por ahí de que los hombres son machistas... por Dios... qué asco de televisión.

Qué asco de televisión.

martes, 22 de abril de 2008

El alemán. Laberinto lingüístico.


La confusión reina en tu cerebro. Las neuronas se te queman y tu capacidad para razonar se va diluyendo hasta que no eres más que una masa inerte.

Quizás suena exagerado, pero creo que así se debe sentir mucha gente que se propone la hiper súper recontra supercalifragilística y maratónica difícil tarea de aprender alemán.

Primero una aclaratoria. Yo ya lo hablo. Lo estudié en la UCV y me gradué Magna Cum Laude en traducción. Lo digo para que no vayan a creer que no hablo con propiedad. Manejo el alemán bastante bien y sé muy bien en qué se mete una persona que aspira a adentrarse en este laberinto lingüístico.

Yo digo una cosa. El primer idioma extranjero que la gente debería aprender debería ser el inglés. Y no sólo por la pila de razones que se suelen mencionar sobre su utilidad y todo lo demás. No sólo por eso. Yo creo que la gente debe tener su primera experiencia en el aprendizaje de idiomas extranjeros con un idioma que sea amigable. Que no sea hijo de puta. El inglés es, sin ganas de desmerecerlo, un idioma muy fácil. Y es, por así decirlo, de lo más nice. Y esto también lo digo con conocimiento de causa.

El inglés es un idioma en el que:

1. Los verbos casi que ni se conjugan. Basta con aprender una sola forma y ponerle los pronombres personales. Claro, en presente está la -s de HE o SHE. Pero si eso les parece difícil...

2. Los plurales son un chiste. Casi todos son con -s. Hay algunas excepciones como Foot-Feet, pero son muy poquitas.

3. No tiene más artículo indeterminado que THE.

4. No tiene marcas de género en el artículo. No importa si la mujer es femenino, y el hombre másculino. Con decir THE basta. The woman, the man. Listo.

5. Su estructura sintáctica no presenta mayor complicación.

6. Los adjetivos casi no cambian. Y no tienen marca de número ni de género.

Y muchas otras razones de las que ahora no me acuerdo. Pero bueno, el punto es que el inglés es más bien sencillo de aprender. Y es como el sexo... uno debe evitar que la primera experiencia sea traumática.

Comenzar aprendiendo alemán, u otro idioma difícil como el húngaro o ruso, es someterse a la angustia y meterse en dificultades. Es como irse por primera vez a la cama con una prostituta gorda llamada Helga, de 250 kilos, que te dé la revolcada de tu vida sin ninguna consideración por tu inexperiencia e inocencia. Y que de paso te pegue. No, amigos. Mejor uno se lo toma con calma y aprende primero lo fácil. Después de eso, cuando ya más o menos hayan concientizado lo que significa estudiar otro idioma, y todo lo que eso implica, pueden entrar en algo más difícil. Pero piano piano si va lontano.

El alemán no es fácil. De hecho, yo creo que es cierto que debe ser uno de los idiomas más difíciles del mundo. Dem Deutschen geht ein schlechter Ruf voraus (El alemán tiene mala fama) dicen los alemanes con tristeza.... no es mentira, amigos míos.

Mark Twain escribió hace todos los siglos del mundo un ensayo titulado algo así como "El terrible idioma alemán", en el que se queja y se mofa de la dificultad del alemán. Quien habla alemán y lo lee sabe que es verdad. Claro que Twain exagera un poco. Pero algo de razón lleva.

Los alemanes se consuelan diciendo que el alemán no es más difícil de aprender que otros idiomas. Bue... eso se puede discutir. Pero yo nunca ví a los estudiantes de francés o de italiano de la Escuela de Idiomas de la UCV, al menos cuando yo estudiaba, con la cara de trauma que teníamos nosotros después de una dosis de declinaciones y de verbos separables.

Bueno, creo que es hora de dar ejemplos. No voy a entrar en muchos detalles, para no aburrir. Pero sí quiero que se hagan una idea del rollo.

1. El alemán se declina. Es decir, el sustantivo cambia según su función. Entonces, el perro alemán no es como el perro en inglés que siempre es, esté donde esté, the dog o a dog. El perro alemán puede ser der Hund, des Hundes, dem Hund, ein Hund, einen Hund, eines Hundes o, en plural, die Hunde, den Hunden, Hunde, etc.

2. El adjetivo alemán es diabólico. Así de sencillo. Una cosa que tiene tantos cambios y trampas no puede ser obra de un espíritu bondadoso. A ver, el adjetivo en inglés no varía (casi) nunca. Red es red donde sea. No así el alemán. Entonces resulta que, según el género y el número y la declinación, red en alemán puede ser rot, rotes, roter, roten, rotem o rote.

3. Los plurales son un verdadero dolor de cabeza. Tanto es así que los mismos libros para aprender alemán han bajado los brazos desde hace tiempo y ahora recomiendan, para reírse, aprenderse el plural con cada sustantivo. Es decir, sí existe un sistema de plurales. Pero, a diferencia del italiano, por ejemplo, no se puede decir: terminados en -o tienen plural en -i: bambino - bambini. Terminados en -a tienen plural en -e: donna- donne. Y listo. No... en alemán casi que por cada sustantivo hay que aprender el plural especial que tiene. Claro, hay unas reglas. Pero son básicamente inservibles ante la inmensa cantidad de excepciones que tienen. Entonces uno empieza la agotadora, e interminable, tarea de decir (en cursiva el plural): der Hund - die Hunde, das Kind - die Kinder, der Bauer - die Bauern, die Frau - die Frauen, die Angst - die Ängste, das Buch - die Bücher, die Übung - die Übungen. Espero que se hayan hecho una idea las variadas formas que puede tomar el plural.

4. Los verbos separables. Ésta es otra pesadilla. Yo quisiera saber si hay otro idioma en el mundo en el que los verbos "se piquen" en dos. O sea, el verbo tiene un prefijo que va al final de la oración. Por ejemplo, invitar en alemán es einladen. La partícula es ein, y ésa va al final.

Entonces yo te invito se dice ich lade dich ein. Y mientras más información tenga la oración, más atrás va quedando la partícula. Entonces puede pasar que, como uno no sabe cuál es el verbo hasta que oye la dichosa partícula, uno venga y se olvide de lo anterior, y al final, cuando al tipo le da la gana de decir el ein, ya uno no sabe de qué fuck era que estaban hablando. Por ejemplo, y nótese dónde está la partícula: Wir laden anlässlich des zwanzigsten Jubiläums unserer Firma, die seit mehr als 3 Jahrzehnten ihren Beitrag zur Entwicklung unseres Landes leistet, alle unsere Mitarbeiter zu einem Mittagessen ein, in dem unser Chef einen Vortrag über die zukünftigen Pläne des Betriebes, und den Erfolg der letzen Monate halten wird, (Para celebrar el vigésimo aniversario de nuestra empresa, que desde hace más de 3 décadas contribuye con el desarrollo de nuestra nación, invitamos (ahí está el verbo. Sin tanto peo y sin misterios) a todos nuestros trabajadores a un almuerzo, en el que el presidente dará un discurso sobre los planes futuros de la empresa y el éxito de los ultimos meses)

Es decir, 3 horas después es que uno oye el dichoso ein y entiende que se trata de invitar.

5. Otra ratada del alemán son los verbos al final. Yo nunca había visto un idioma en el que los verbos estuvieran con tanta frecuencia al final. Es decir, para enterarse uno de lo que está pasando hay que prestar mucha atención (Mal idioma para mí... haha... que tengo una capacidad atencional muy reducida y tiendo a distraerme por nada). Como dice Fernando Díaz P. en su libro Manual del Imperfecto Viajero, una oración alemana traducida literalmente al castellano podría ser: Yo ayer por la noche como celebración de mi mayoría de edad en una hermosa pradera con una bella chica de cabellos rojos y sensuales labios comí. Es decir, a uno le va subiendo el morbo, pero al final, decepción, resulta que sólo comió. Si el verbo estuviera, como en cualquier idioma normal, al principio, uno no se iría haciendo ilusiones. Entonces en alemán sería así Ich habe gestern abend zur Feier meiner Volljährigkeit auf einer schönen Wiese mit einem schönen rothaarigen Mädchen, das sinnliche Lippen hatte, gegessen.

6. Otra característica súper macabra del alemán es esta costumbre de cambiar la declinación de los sustantivos dependiendo de si el verbo es de movimiento o no. O sea... si el verbo indica un desplazamiento, como en el caso de correr e ir, los sustantivos se declinan en acusativo. Si el verbo no es de movimiento, como en el caso de estar acostado, entonces toca declinar en dativo.

Por ejemplo, y vean como en castellano el cine queda igual:
Voy al cine - Estoy en el cine.

En alemán: (ir verbo de movimiento - acusativo) Ich gehe in das Kino - (estar verbo sin desplazamiento - dativo) Ich bin in dem Kino...

Bueno, ya me cansé de escribir... hahaha... espero que haya quedado claro que la cosa es más difícil de lo que parece, o tan difícil como se dice.

Mejor aprendan cuti.

Saludos y... bis bald (hasta pronto)

lunes, 21 de abril de 2008

Adiós, Stephen King

Tengo tiempo tratando de encontrar la forma más apropiada de decirte adiós, de terminar nuestra amistad. Pero la verdad es que no la encuentro. Así que mejor voy directo al grano y nos ahorro momentos de incomodidad innecesaria. ¿Para qué darle más vueltas? Creo que no hay más nada que decir. Y tampoco hay vuelta atrás. Adiós, Stephen King.
Cielos, la verdad es que nunca creí que llegaría este momento. Tantas fueron las horas que pasé leyendo tus libros y con la sola compañía de tu obra. Tantos fueron los años en los que leí y releí tus palabras. Pero supongo que todo llega a su fin. Incluso una amistad como ésta.
Pero, la verdad sea dicha, y espero que no suene muy duro... la verdad es que ahora me fastidias. Donde antes encontraba disfrute ahora sólo veo aburrimiento. Regreso a los viejos libros a ver si encuentro esa chispa que me hizo interesarme en tu obra y no la encuentro. Ha desaparecido.
Siento que te has estancado. Siento que has perdido la magia de antes. O quizás sea más bien que a mí ya no me impresionas. Sé que soy duro, pero no puedo tapar el sol con un dedo.
Ahora tus libros se me antojan demasiado largos y rebuscados. Siempre los mismos giros. Siempre los mismos temas. Ya me cansé. Ya basta. Ya no me importa que Harold Lauder esté enamorado de Franie. Ya no me interesa que Johnny Smith sea vidente. Ya no me importa que Donna sea cobarde y deje morir a Tad. Ya no me importa si los caminones que afueran esperan tienen conductor o no. Me cansé de escuchar que el gato de Louis Creed huele a tierra. Haz silencio de una vez.
Es que yo me canso de lo mismo siempre. Ya no quiero saber nada.
Y sí. ¿Quieres saberlo? Ahora hay otro escritor en mi vida. Bueno, esas cosas pasan. Al menos sus libros son más "directos" y no tan "enredados". Basta de sueños, basta de pesadillas y alucinaciones. Por ahora prefiero leer sobre juicios y demandas. Creo que contigo quemé una etapa, pero ya basta. Ahora me interesan más los jurados y los fiscales que la mansión de Salem's Lot. Shit happens.
Pero, ¿sabes? Fue bueno mientras duró. Y ¿quién sabe? Quizás algún día te extrañe lo suficiente como para volver a tu lado. Puede que llegue un día en que me levante y añore tus historias llenas de fantasmas y aparecidos y demonios humanos.
Pero por ahora... adiós.
Adiós, amigo King.

!Confirmado Megadeth!


Ahora sí. Ya me quedé tranquilo.
Ya apareció la información en la página oficial. Ahora sí que ya no es rumor, a pesar de la venta de entradas.
Megadeth en Valencia el 25 de mayo.
Y Testament el 24, y gratis.
Lo más probable es que me vaya los 2 días con mis panas... aunque tendría que pedir permiso en el trabajo para faltar ese sábado. Pero bue... todo sea por el metal.
!Por fin podrá ver Megadeth!
Cargo la fiebre. Y eso que todavía falta un mes. Pero !paciencia!
Como dice Lecter: All good things to those who wait.
Well said.
!Paciencia!
Here I come!
http://www.megadeth.com/killingroad.php (link a la página oficial. Fechas de la gira)
Por cierto, éste es el setlist del concierto más reciente. Espero que aquí toquen más tomando en cuenta que nunca han venido y que son cabeza de cartel. Slayer nos dio un setlist especial. Así que estos no pueden quedarse atras... as if they really cared... haha.
Houston setlist: Sleepwalker Wake Up Dead Take No Prisoners Skin O’ My Teeth Washington Is Next Kick The Chair In My Darkest Hour Hangar 18 Gears Of War A Tout Le Monde - Chris' Solo Tornado Of Souls Ashes In Your Mouth Burnt Ice Symphony Of Destruction Trust Peace Sells - (Encore) Holy Wars (tomado de la página oficial)
Y éste es el que tocaron 2 o 3 días antes:
Atlanta setlist: Sleepwalker Wake Up Dead Take No Prisoners Skin O’ My Teeth Washington Is Next Kick The Chair In My Darkest Hour Hangar 18 Gears Of War A Tout Le Monde - Chris' Solo Tornado Of Souls Ashes In Your Mouth Burnt Ice Symphony Of Destruction Trust Peace Sells - (Encore) Holy Wars/Mechanix
Salvo Mechanix creo que los 2 son iguales.
Yo creo que están bien. Pero tienen que tocar A TOUT LE MONDE a juro.
pd. Si eres metalero, te precias de ser amante del metal, pero no vas al toque, entonces eres gay by default.

¿Te puedes callar?


Domingo. 6:50 de la tarde. Galerías Paraíso. Cines Unidos. Sala 1.
Me siento en una de las filas vacías del cine a esperar a que empiece una película que, aunque de antemano sospecho que no será nada del otro mundo, no luce tan mierdosa como la mayoría de las que hay ahora en cartelera.
A mí me gusta sentarme donde casi no haya gente. Por una razón. Yo en el cine, y lo digo frente a las cámaras y sin que me dé pena, sufro de histeria. Es decir, me gusta que la gente se quede callada, vea la película y que no ladille a los demás... mucho menos a mí.
Quienes me conocen bien saben que amo el cine. Es uno de mis pasatiempos favoritos y yo puedo ir al cine miles de veces en una semana sin fastidiarme. De hecho, cuando estuve en Freiburg im Breisgau en el 2003 fui al cine viernes, sábados y domingos durante 3 meses seguidos. Y no me pelé ninguna de mis citas "obligadas" con el cine.
Pero bue... vuelvo al tema.
A mi novia le parece que estamos sentados muy cerca de la pantalla y me dice que nos vayamos más atrás. Está bien. Al final termino por acceder, aunque sé que en la parte de atrás, que yo quiero evitar precisamente por la "gente" que ahí está sentada, lo más probable es que me ladille.
Y así fue. Y por eso escribo esta reflexión/queja.
Hay gente que parece que nunca sale de su casa, o que nunca ha ido a un cine, o que jamás ha oído la palabra "respeto".
Se apagan las luces y comienza la película. Respiro profundo y procuro concentrarme en la dichosa película.
Entonces comienza el espectáculo del gafo que está sentado atrás.
Yo sólo le oía la voz, demasiado podría decir. Pero me imaginaba su cara. Me lo imaginaba como un carajito maleducado que ronda los 15 y que se cree el dueño del mundo porque tiene 3 pelos en las bolas.
Resulta que el idiota en cuestión no para de hablar TODA la película y de reírse de las cosas menos graciosas de la película, que de paso sea dicho de cómica no tenía nada.
Habla que habla... risa que risa... habla que habla... risa que risa... comentario idiota tras comentario idiota.
¿Pero será que te puedes callar?
Me saca la piedra esta "gente". Yo voy al cine a ver una película en paz y no a escuchar tus comentarios idiotas y tu risa de gafo.
Estos tipos... y hablo de ellos en términos genéricos porque todos parecieran pertenecer a la misma especie... son de los que:
1. Ante la aparición de cualquier par de tetas en la película comienzan a mugir como burros en celo (¿los burros mugen?). Y a reírse. ¿A quién le dan risa unas tetas?
2. Ante la aparición de cualquier comentario, escena o lo que sea de tipo erótico comienzan con comentarios tipo: "Ajá... ahora te van a dar lo tuyo" o "Uy... ahora te toca mamita". ¿Esto no es una prueba más de la deformación mental causada por una época donde los valores brillan por su Abwesenheit?
3. son los reyes y señores de cualquier palabrota y comentario "malandro". Perlas como ésta: "Güéno, dale pol' coco" "Velga chamo... qué cartelúa esa vaina".
Y a medida que la película avanzaba yo me sentía cada vez más enfermo.
Por eso es que yo prefiero ir a cines donde la gente no se ponga con esas vainas, o a funciones en las que yo sé que es poco probable que haya adolescentes. Estos carajitos, porque de otra forma no se les puede llamar, suelen verse en cualquier función entre las 3:00 y las 6:00 de la tarde.
Recuerdo que hubo una época en la que me dio por ir al cine a las 11:00 de la noche. Jamás había estado tan tranquilo en un cine...
Entonces viene y se acaba la película, que resultó ser muy mala.
Entonces, yo vengo y miro hacia atrás para verle la cara al chamito que me estuvo ladillando y... !sorpresa!... me encuentro con un tipo que, para ser sincero, debe rondar los 35. Peor. ¿Qué? Cerebro frito mínimo.
Y es que no sólo me molesta la gente que se ríe y no para de hablar durante la película, sin importarle MI DERECHO a ver una película tranquilo. Además me ladilla la gente que:
1. Empieza a preguntar: ¿Y ése quién es? ¿Y por qué lo mataron? ¿Y por qué pasó eso? ¿Y ahora qué va a pasar? O sea... a ver... WATCH THE FUCKING MOVIE AND SHUT UP!!! Espera que se resuelva el "conflicto" de la película, que se desarrolle la trama.
2. La gente que le lee los subtítulos a los niños. Esto casi no me ha pasado. Pero recuerdo que una vez, hace muchos años, se me ocurrió ver una película llamada El Oso en el ya desaparecido Cine del Centro Uslar. Resulta que atrás me tocó una señora con un chamito. Y la tipa le leyó al chamito TODOS los subtítulos. !Qué ladilla!
3. La gente que ya vio la película y empieza con cosas como ésta: "Pilla esta parte" "No te pierdas lo que pasa aquí" "Mira lo que viene ahora" No... y eso que no has visto lo que le pasa ahora" O sea... SHUT THE FUCK UP AND STOP RUINING THE MOVIE !!! Yo no quiero saber qué pasa y qué viene cuándo. Yo quiero disfrutar la película y ya. No me anticipen nada. ¿Será posible?
4. La gente que sabe que no has visto la película y viene y se la da de muy graciosa y te dice el final o algo hiper súper importante. Cosas como ésta (y esto me pasó en la universidad)
Pana: Coño, ¿viste Sexto Sentido?
Yo: No. ¿Qué tal?
Pana: Chamo, arrechísima.
Yo: ¿De pana y todo?
Pana: Sí, chamo. Cagante. Qué bolas que Bruce Willis está muerto...

Gracias, pendejo. Gracias por arruinarme la película.

En resumen, y ya he hablado demasiado. Déjenme tranquilo cuando vaya al cine. Cállense la boca y guárdense sus comentarios para la sala de su casa. No me arruinen la experiencia de disfrutar de mi pasatiempo favorito.


Gracias.

sábado, 19 de abril de 2008

Labyrinth

No tienen ojos y hace mucho que no les llega la luz ni la caricia del viento. Arrastran los pies en un pesado y monótono ir y venir por los húmedos pasillos del laberinto que se extiende frente a ellos y que parece no tener fin. Caminan en círculos sin descanso y su destino es el mismo punto que los vio partir. Es una rutina que se repite una y otra vez, sin descanso. Se mueven al unísono al compás de los designios de su cruel destino. Se oyen gemidos y algunos caen al suelo, exhaustos por el esfuerzo. Pero la manada no se detiene. Sigue su rumbo, su eterna condena hacia ninguna parte. El calor los asfixia y el sudor baña sus cuerpos desnudos. Apenas si se distingue dónde comienza este rebaño prisionero de la asfixia. Son miles y miles en un eterno vaivén de miseria. Carecen de conciencia y es difícil saber si alguna vez la tuvieron. Aunque no importa. Quizás así sea mejor. A veces es cruel saber. Es cruel poder ver. Es cruel enterarse. Quien no sabe, ni ve, ni se entera, es ajeno al otro lado. Quien es ajeno al otro lado, vive en su mundo sin cuestionárselo. No se plantea qué hay más allá. No se pregunta si está bien o está mal. No tiene punto de comparación. Lleva su existencia y punto. Una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. El mismo ciclo. Una y otra vez la misma historia. Los mismos pasillos. Las mismas paredes frías de esta prisión retorcida llena de ratas. Y no hay adónde correr. No hay adónde escapar. Los muros son tan altos que sería imposible intentar escalarlos. Las paredes llenas de podredumbre son un obstáculo insalvable.
Y él en medio del rebaño. Se sabe ajeno. Se sabe distinto. Tiene ojos y ha visto el otro lado. Y quiere escapar. Quiere correr. Saltar los muros de la prisión. Hace mucho que vio la luz y quiere volver a ella. Camina y camina buscando una salida. La fuerza lo abandona. La esperanza se le apaga. Pero sigue en pie. Y busca. Se enciende una tenue chispa a los lejos y quiere apurar el paso. Alcanzarla. Pero la manada lleva su ritmo y son muchos los obstáculos. Extiende los brazos en un inútil esfuerzo por alcanzarla. Quizás mañana. No quiere ver. No quiere saber. Quiere olvidar el otro lado. Quiere ser como los demás. Cierra los ojos e intenta satisfacerse con la asfixia y la locura. Quiere perder la conciencia y esperar la muerte. ¿Por qué tuvo que ver el otro lado? Es una cruel charada. Saber que hay una luz más allá de la miseria y sin poder llegar a ella. Prefiere la ceguera. Extiende sus manos y presiona las cuencas de sus ojos. La sangre corre por sus manos. El dolor lo enloquece. Arranca los culpables de su tristeza. No quiere ver. Olvidar. No recordar. Olvidar. Olvidar…

lunes, 14 de abril de 2008

Luca Brasi duerme con los peces y yo no lo sabía...


Luca Brasi. Ése nombre se ha convertido en materia de obsesión en mi turbulenta cabeza. Cierro los ojos y lo escucho retumbar en los laberintos en los que se esconden mis más profundos temores. Luca Brasi. La sola mención del siciliano que duerme con los peces me hace fantasear con los oscuros secretos que se ocultan detrás de su fría mirada despiadada. Veo su faccia e intuyo un pasado oscuro y violento. Las facciones de su rostro me narran los pecados de un hombre que murió víctima de la misma cruenta violencia que alimentaba su existencia. Luca Brasi. Son pocas las palabras que le oigo decir. Son pocas las veces en que se ofrece a mis ojos. Pero me bastan para saber que no hay mayor crueldad en el mundo. Me bastan para saber que la maldad y la perversión tienen nombre de hombre. Luca Brasi.
Fiel a mi costumbre de llegar tarde a todas partes, al menos en lo que a cine se refiere, han pasado más de 26 años antes de que yo me enterara de que Luca Brasi duerme con los peces. Esta hermosa historia de violencia siempre estuvo ahí. Al alcance de mi mano. Y yo, para variar, no lo sabía. El Padrino. La melodía tampoco me abandona y no dejo de sentarme en mi cama, guitarra en mano, para tocarla una y otra vez. El Padrino. Creo que para mí hay un antes y un después luego de ver esta obra maestra del cine. El Padrino. Quien no la ha visto no está completo. Cualquiera que se precie de ser amante del "séptimo arte" está en la obligación de ver esta película una y otra vez, de saborearla, digerirla, degustarla, amarla, hacerle el amor, soñar con ella...
Yo me pregunto cómo no emocionarse al ver al Padrino recibir a Bonasera y concederle un favor de amigo fiel. Me pregunto cómo no sentir el dolor de Michael Corleone al ver a Apollonia volar por los aires. Me pregunto cómo no sentir un sádico placer al ver a Sonny Corleone casi matar a golpes a Carlo Rizzi. Es casi imposible no sentir un placer morboso al saber lo que aguarda a Woltz en su lecho. El Padrino es una joya. No hay palabras para describirlo.
Desde la escena con Bonasera hasta la cara de Kay Adams mientras la puerta a la oficina de Michael se cierra ante sus ojos esta película es un orgasmo fílmico.
Pero hay algo que me duele... habían pasado tantos años... y yo perdido en otro mundo. Quiero saber porqué nadie me lo dijo. Quiero saber cómo ninguno de mis amigos toco a mi puerta para darme la noticia.
Luca Brasi dorme coi pesci ed io non lo sapevo...

Entonces parece que viene Megadeth

No es fácil ser metalero en Venezuela. Bueno, no es fácil ser muchas cosas en este país. Pero básicamente es difícil ser metalero. Para empezar aquí es súper difícil encontrar discos. No voy a empezar con una larga disertación sobre el peo interminable del dólar, pero lo cierto es que encontrar ciertas cosas es muy raro. Ya pasó la época en la que te lanzabas con tus churupillos a Sabana Grande y, en cualquier día, te traías el disco que te diera la gana de Megadeth, Testament, Slayer, Sepultura, Napalm Death, etc etc etc. Ya pasó la época en la que reunías e ibas y te comprabas tu obligatoria franela negra. Pero no quiero hablar sobre eso. Quiero hablar sobre los conciertos. La verdad es que para acá casi nunca viene nadie. Ésa es la pura verdad. Me da risa leer en las revistas metaleras de España a los rockeros quejándose de que "ACDC no vino este año". Coño, por Dios... No se quejen... ACDC y Iron Maiden han ido a España casi que desde que Angus Young y Dave Murray aprendieron a tocar guitarra. Lo mismo va por cualquier país normal del mundo. Y no hablemos de Estados Unidos... bue... o sea... si vives allá casi que puedes ver literalmente TODOS LOS AÑOS el grupo que se te venga en gana.
Pero no en el culo del mundo.
Estamos en Latinoamérica, ok. Pero cuando los grupos se dignan a bajar a esta parte del mundo, entonces la "gira" latinoamericana es "Brasil, Argentina" o "Brasil, Argentina, Chile". No es envidia, pero sí me duele. Yo tengo el mismo derecho que tiene un metalero de Sao Paulo o de Buenos Aires a ver a los grupos que me gustan. Pero ése es yet otro peo de vivir en el culo del mundo.
Ok... es cierto. Para acá han venido Maiden, Metallica, Slayer, Korn, Napalm Death, Sepultura, Deicide, Dark Funeral... pero lo que me arrecha es que para ver a esos grupos hay que esperar años y años... y mientras tanto, giras vienen y giras van... y esos grupos tocan en todas partes menos aquí. Y yo triste y arrecho.
Y no quiero hablar de la súper hiper decepción que fue el 22 de agosto del 2007, cuando creí que vería a Cannibal Corpse... quien estuvo ahí sabe lo que pasó...
Pero bueno... es hora de pasar la página y dejar de llorar.
Parece que Dios se acordó del culo del mundo y nos manda al Colorado. Mustaine & Co. en Valencia el 25 de mayo de 2008. Aparentemente todo está listo... ya están vendiendo las entradas y ya tengo la mía (Gracias Angélica. Gracias Yan) y ahora a esperar ese día.
Megadeth.. O sea... tantos años oyéndolos y ahora parece, si Dios quiere, que los podré ver en vivo.
Si por mí fuera tocarían todo el Rust in Peace y el Countdown, pero bue... eso no será posible.
Y me habría gustado ver a Marty, Nick y David (haha... los tuteo como si hubiera jugado metras con ellos)... pero no todo se puede tener en la vida.
Ese día ahí estaré, Dios mediante, con mis panas allá.
Valencia HERE I COME !!!
Ese día planeo:
1.) Lanzarme unas cuantas birras "por los panas".
2.) Cantar hasta que, como en Slayer, se me vaya la voz.
3.) Meterme en la "olla" y "slam dance" till I fuckin' drop.
4.) Gritar "Bring back Paul" (Alex... hahaha)
5.) "Headbang" hasta que me duela er cuello mismo.
6.) Dormir feliz por haber cumplido uno de mis sueños.
!!!FUCKIN' MEGADETH!!!
(Si eres metalero y no vas, eres gay by default)


jueves, 10 de abril de 2008

Vacío


Me siento perdido. Así de sencillo. Siento que estoy viviendo una vida que no es la mía. No es la que me había imaginado. A veces se me quitan las ganas de seguir adelante. De seguir caminando. Quisiera poder quedarme parado en un sitio y ver la vida pasar. Ahora entiendo la diferencia entre vivir y existir. Sé que existo, pero no vivo. Creí que había alcanzado lo que me haría sentir completo, pero no es así. Todavía siento ese gran vacío dentro de mí, y no sé cómo llenarlo. Es irónico. Este ciclo interminable se me antoja demasiado inútil. La verdad es que siento que no estoy caminando hacia ninguna parte. Andando por un sendero que siempre conduce al mismo sitio. Creo que me siento muy cansado. Agotado. Harto. Prisionero. Fatigado. Aburrido. Deprimido. Siento que vivo en medio de la basura y la podredumbre. Y eso me deprime. Veo a mi alrededor y me dan ganas de llorar. Esto no es lo que yo me había imaginado para mí. Yo merezco algo mejor. A veces me pregunto si de verdad hay un Dios en el cielo. Y si lo hay entonces quiero saber porqué pareciera no escucharme. Debe ser que no me ve. O que bien poco le importo. Me canso de intentar tapar mi vacío con alegrías pasajeras. Pero ha vuelto mi sensación de vacío infinito. Y ahora sí es verdad que creo que nada me lo puede llenar. Al menos no aquí. Una y otra vez lo mismo. El mismo ciclo. Las mismas vueltas. Las mismas noticias. Los mismos rostros. La misma vida. Empiezas en cero, llegas a 100, bajas a cero y todo otra vez. Sé que no soy el primero que se lo pregunta. Pero quiero saber qué sentido tiene todo esto. Quiero saber el porqué de mi existencia. No tengo ganas de nada. Y son muy pocas las personas con las que puedo compartir cómo me siento. Entiendo que no todos tienen ganas de oírme cada 2 semanas repetir lo mismo. Yo mismo me canso. Pero hablar me desahoga. Escribir me desahoga. Yo sólo quiero saber porqué me siento tan vacío. Es una sensación no muy difícil de describir. Es estar en una habitación llena de gente y sentir que estás solo. Es salir a la calle y caminar sin descanso entre tanta gente y sentir que estás solo. Es llenarte de cosas inútiles para satisfacer brevemente tu necesidad de felicidad y después sentirte solo. Es maquillar tu soledad con momentos pasajeros de supuesta felicidad. Pero al final regresas al punto en que te sientes solo. En que me siento solo, vacío y perdido. Ésta no es la vida que yo quiero. Necesito escapar. Huir. Correr. No volver. Cerrar los ojos. Irme. Desaparecer de aquí. Olvidar que esto existe. Pesadilla. Laberinto sin fin.

jueves, 3 de abril de 2008

El Metal y yo. Primera Parte.


Amo el metal. Tan sencillo como eso. Había imaginado dar una larga explicación de porqué me gusta lo que muchos califican, injustamente, de ruido sin sentido. Pero veo que eso sería inútil. Es decir, intentar explicar el porqué de un gusto tan fuerte y apasionado sería un ejercicio de futilidad.

Ésa es la música que me mueve. Y punto. No hay más argumentos.

Todos los que como yo aman la música, en cualquiera de sus formas, saben lo que significa escuchar los compases que te hacen sentir vivo.

Antes, pero me refiero a hace muchísimos siglos, tenía una actitud medio clasista y racista con la música. No quiero entrar en detalles, pero detestaba, por razones totalmente ilógicas, cualquier estilo musical que tuviera algo que ver con la salsa y el merengue. Pero el tiempo no pasa en vano, y he moderado mi actitud. Ahora no sólo no critico, sino que respeto. Que cada quien disfrute con lo que le guste. Hoy creo, y sé, que un salsero puede disfrutar, y tiene todo su derecho, de Willie Colón, como yo de Sepultura o Cannibal Corpse.

Pero quiero hablar de mis primeros pasos en el metal.

Me remonto a 1988. Creo que en ese momento llegó por primera vez a mis oídos el rock como tal. Sabía que existía algo llamado así, pero no tenía ni la más mínima idea de qué era. En esa época tenía 12, y escuchaba lo que sonaba en la radio. Eran los tiempos del 1 x 1; si no me equivoco, había una disposición legal o algo así que obligaba a las emisoras a poner una canción extranjera y otra nacional. Entonces lo mío era Mecano, Hombres G, Karina, Ilan Chester, y cualquier cantidad de canciones de pop de los 80. Vaya... hay que ver que las cosas han cambiado.

Un buen día llega al colegio un tipo, ni idea de dónde salió ni a quién representaba, con una exposición/conferencia que presentó a todo el San Agustín del Paraíso sobre los mensajes subliminales del rock. Evidentemente, y ahora que lo veo en retrospectiva, me imagino que habrá sido alguna especie de evangélico o algo por el estilo. Lo digo porque era el inquisidor del siglo XX. Pero bueno, lo cierto es que en esa conferencia oí hablar de Queen, Pink Floyd, Led Zeppelin, etc. Y los oí. No fue que me interesaran mucho, o mejor dicho, para nada. Pero la semilla estaba ahí. Algo se movió dentro de mí al escuchar el Smoke on the Water de Deep Purple y el Now I´m here de Queen.

Pasó el tiempo y yo seguía sumergido en un mundo de pop. Pop para acá, pop para allá.

Mis mejores amigos en esos días (1991), unos panas llamados Adrían Tuesta y Jonathan Kotowsky, y perdón Jonathan si escribí más tu apellido, eran en cierto sentido, musical me refiero, de lo más fumados. Recuerdo que escuchaban full full Queen, The Beatles, Red Hot Chilli Peppers. De tanto ir a su casa terminé contagiándome con el virus inevitable de los Beatles. Y, a decir verdad, ése fue el inicio de todo. Atrás quedó el pop. Y llegó el rock. Claro, el de los 60. Pero rock igual.

Mi Beatlemanía rayó en la locura y sólo oía y pensaba en los 4 de Liverpool. Aquello era puro She loves you yeyeyé, Ticket to Ride, St. Pepper, y un interminable etc.

Para mí el resto del mundo musical había dejado de existir. Estaba atrapado, por gusto claro, en la música de los Beatles. Temporalmente habitaba en los 60. Y corría 1992 o algo así.

Hasta imaginé que más nunca oiría más nada que no fueran los Beatles.

Pero todo cambió un buen día de 1992, finales de ese anno domini.

Había ido a casa de Adrián y revisando sus CDs, que casi nadie tenía en esa época, encontré una cosa rarísima llamada Metallica. Era un disco negro. O sea, cero portada. Negro por adelante, negro por atrás. Había una culebrita pintada en la contraportada, pero apenas si se distinguía. Y yo ni puta idea de qué era aquello.

Tenía también otro disco, doble, que decía en la portada con letras grandes IRON MAIDEN. LIVE AT DONINGTON. Ni puta idea de qué iba aquello. Así que lo dejé a un lado y volví a quedarme viendo el dichoso disquito negro. Algo me llamaba la atención. Recuerdo que era una sensación de curiosidad inevitable. Sé que suena a cuento malo, pero así es. Algo había ahí que yo tenía que escuchar.

Y abrí la caja de Pandora.

Le pedí a Adrián que me grabara algo de ese disco y, hahaha... hay que ver cómo han pasado el tiempo, me grabó algunas en un cassette de cromo. Uyyy... se me cayó la cédula con eso.

Metí el cassette en mi bolso y me olvidé del asunto.

Esa noche, al llegar a mi casa, recuerdo que me monté los audífonos del Walkman, se me volvió a caer la cédula, y prendí el dichoso cassette.

Me quedé mudo. Hipnotizado. Yo no podía creer lo que estaba escuchando. Embelesado.

No entendía nada de lo que oía. Mi cerebro no concebía que eso que oía fuera posible. Tenía cara de no sospechar que semejantes sonidos pudieran salir de una guitarra y un bajo. O de una batería.

Aquel ruido se me metió por las venas y ahí se instaló para siempre.

Oía la dichosa canción una y otra vez. Y mientras más la oía, más entendía. Más me gustaba. Más me atrapaba aquel infierno musical ajeno a mí hasta ese momento.

Acababa de conocer el Sad But True de Metallica. Y ese día empezó todo.

Continuará...

martes, 1 de abril de 2008

A ti...


Tanto te busqué y estabas tan cerca. Tantas veces me pregunté dónde te encontraría, e incluso si existías así como te imaginaba, y estabas a la vuelta de la esquina. Tantas horas perdí sin estar a tu lado intentando encontrarte en los rostros anónimos que me ahogaban en la multitud. Tantos segundos desperdicié sin estar junto a ti en un inútil esfuerzo por imaginar que te podía encontrar a voluntad, y no cuando la dispusiera la vida, que sus propias reglas y principios parece seguir.

Y un buen día ahí estabas. Cuando menos lo imaginé me topé contigo. Había decidido bajar los brazos, tirar la toalla, y cuántas metáforas de la derrota se te puedan imaginar. Respirar sin vivir. Existir sin vivir. Una vida cuyas horas vacías se extendían frente a mis ojos cual desierto interminable. Una existencia desperdiciada y hundida en un mar de tristeza. Pero ahí estabas ese día.

Un reencuentro. Un saludo. Una confesión que ruboriza. Un brillo en los ojos. Quiero correr. Adiós. Nos vemos.

Un mensaje. Una llamada. Un encuentro. Una chispa que nace. Un beso robado a la vida. Perdón, no fue mi intención. Así sucedió. No quise robártela.

Muchas horas han pasado desde entonces. Ya suman casi 9 meses y el tiempo sigue corriendo. No ha sido fácil, pero aquí estoy porque te siento parte de mí. Intento cerrar los ojos y negar que te necesito como al aire, pero no puedo. Las horas amargas que nos hemos regalado no son suficientes para alejarme de ti. Me preguntas si no quiero luchar. No te responderé. Mira sólo a tu lado y me veras caminar junto a ti. No te responderé. Sólo mira hacia un lado y me oirás hablar sin descanso de las mismas cosas de siempre; mis comentarios triviales sobre la música y el cine. Sé que mis manos se han marchitado y que ya no producen las cartas con que antes te colmaba. Me preguntas si ya no es como antes. No te responderé. Sólo oye el teléfono que suena antes de que vayas a dormir y óyeme decirte que pienso en ti.

Hay muchos anhelos incumplidos en mi vida. Deseos aparcados a la espera de una oportunidad de la vida. Pero no quiero que sea sin ti. Quiero tomar ese camino lejos de aquí a tu lado. No te responderé. Sólo espera y verás.

No te diré que te amo. Eso lo dice cualquiera y a fuerza de decirlo pierde su fuerza.

Sólo te diré que tus abrazos son mi refugio, tus besos mi savia, tu voz mi arrullo. Verte a los ojos es entender que el amor existe y que está encarnado en ti.

No te diré que te amo. Me suena a poco.

Sólo te diré que aparento una dureza que no tengo, pero por dentro sin ti no puedo seguir andando por este camino sin fin que llamamos vida.

Quiero estar a tu lado, siempre.

Esto es el culo del mundo

Está en todas partes. Dan ganas de salir corriendo. Es increíble la cantidad de gente maleducada y sin respeto que hay en este país.
La gente ha olvidado cómo dar las gracias, pedir permiso, disculparse, y una interminable lista de etcéteras que me hace anhelar cada vez con más fuerza irme de este agujero llamado Venezuela.
Si el mundo tiene un culo, ése es sin duda este país. Uno camina por las calles, y encima de la podredumbre, el caos, y todo lo demás, debe aguantarse la falta de educación de la gente. Éste es un país en el que a la mayoría le cuesta muchísimo seguir instrucciones tan simples como las del Metro. Cada 5 minutos repiten el famoso "Dejar salir es entrar más rápido".
Pero la gente entiende todo lo contrario. Basta con que llegue el Metro para que la gente intente entrar a golpes y codazos, sin el menor respeto por la gente que quiere bajarse.
Y eso por no hablar de los asientos azules del Metro, exclusivos para ancianos, mujeres en estado y discapacitados. Basta que uno se monte en ese vagón para ver la cuerda de maleducados ocupando un puesto que NO les corresponde. Y encima se molestan si alguien les pide que se lo cedan a una viejita. Es que esto es inaudito. Quiero correr. Quiero irme. Esto no tiene arreglo. La gente que bota basura en la calle, la gente que escupe por la ventanilla del carro o el autobús, la gente que se monta en el Metro y que cree que por tener un celular con MP3 nos tiene que obligar a todos a escuhar su asqueroso reaguetón, o como quiera que se escriba ese engendro musical repleto de groserías y marginalidad, la gente que no cruza la calle por el rayado, la gente que se le lanza a los carros, la gente que no sabe lo que significa decir los buenos días, la gente que estaciona donde no debe, la gente que se come la luz, la gente que transita en sentido contrario al de la vía, la gente que pone los pies en las paredes...
Todo eso me tiene deprimido. Odio este país. Es un hueco. Hay un mundo mejor. Hay un mundo donde no todo está podrido. Esto es un karma. Nacer en esta vaina es un karma.
Me duele ver cómo el irrespeto de este país no conoce límites. Es inaudito ver las colas de viejitos frente a un banco pasando calor esperando que les paguen. Es inaudito la ineficiencia de las oficinas públicas, léase CANTV, en las que uno se ve obligado a perder horas de su vida en una maldita cola. Es inaceptable que uno pase la mitad de su vida en una cola en esta ciudad olvidada por Dios. Vivir en Caracas significa vivir en una sola cola. Horas y horas para ir... horas y horas para venir. Es ver tu vida pasar en un cola.
Y encima están los autobuses. Es lo peor que hay. Es tener que sentarte en una discoteca rodante con la peor música del mundo. Es tener que calarse la cola, el calor, la incomodidad, la grosería de la mayoría de los conductores, la gente que viene obstinada del trabajo... Dios mío... yo dudo que haya algo más caótico que esta ciudad basura.
ME QUIERO IR.
No. Pero creo que lo peor es el miedo. Vivir aquí es vivir con miedo. Miedo a la delincuencia. Eso sí que es lo peor. Es vivir encerrado tras rejas. Es vivir y no poder salir tranquilo de noche sin que te miedo estar hasta muy tarde. Eso no es vida. Me da la más grande de las envidias con la gente que vive en cualquier país normal del mundo y puede caminar sin temor por las calles. Me preguntó hasta cuándo esta vaina. Eso no es vida. El miedo a ponerte ciertas prendas porque cuidado y te roban. Que no te metas ahí que cuidado y te roban. Que mosca en la calle cuando camines porque mira que te puden robar. Que mosca donde te paras. Que mira para atrás. Que no te lleves eso porque mosca que vienen y te roban.
Lo repito. Hay un mundo mejor. Pero está lejos y además el carísimo.
Vivir en este país es morir lentamente de depresión. Es anhelar irse. Es vivir en un constante deseo de dejar esta mierda atrás. Esto es una burla.
Y después vienen los pendejos con las vainas y que: Verga, pero como el clima de aquí nada. Verga, que la gente aquí es demasiado pana. Verga, que el venezolano es amable.
PUES ME SABE A MIERDA. ME SABE A MIERDA EL SOL QUE BRILLA DE GUAYANA A OCCIDENTE. ME SABE A MIERDA QUE LA GENTE SEA AMABLE. Prefiero vivir en un país normal con el frío parejo, pero donde la vida sea NORMAL. Prefiero vivir donde la gente ande con cara de culo, pero yo no tenga que mirar para atrás cada 2 x 3 para ver si me están siguiendo.
Esto es lo peor que le puede pasar a uno.
ME QUIERO IR